martes, 30 de mayo de 2017


Carmenza

Doy gracias a Dios, a la vida.
Me considero una persona afortunada
desde aquel bendito día cuando pisé tu consultorio por vez primera.
Ya han pasado treinta años...
La calidez en tu atención
y la serenidad en la expresión de tu rostro
han permanecido en el tiempo.
¡ Cuántas enseñanzas y crecimiento 
le has aportado a mi vida!

Carmenza, 

En tu labor veo reflejada la presencia de Jesús, 
gracias a tu humanidad, vocación, ética y profesionalismo.

Tu gran riqueza no está en sentir las manos llenas,
sino en que quien se acerca a ti
no sale con las manos vacías,
comparable a un manantial que nunca se agota.


Carmenza, para ti mi eterna gratitud.
Te quiero mucho.
Eres una bendición para la humanidad.


D. L.B.M

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