domingo, 8 de noviembre de 2015



Carlos era un niño rico 
que tenía todos los juguetes que se puedan imaginar.
Su familia tenía mucho dinero y siempre 
que algo le gustaba se lo compraban, 
así que realmente no tenía ni idea 
de lo que costaba conseguir las cosas,
ni se preocupaba por cuidarlas lo más mínimo, 
y ni siquiera imaginaba lo difícil
que resultaba para otros niños conseguir esos juguetes.
Pero llegó un momento en que estaba tan acostumbrado
a todo tipo de juguetes y cachivaches, 
que quería algo diferente.
Y uno de sus tíos encontró en un precioso caballo, 
ese regalo diferente.
Carlos se ilusionó muchísimo con su caballo.
Aprendió a cabalgar y jugaba 
y lo llevaba de un lado a otro constantemente.  
Pero como trataba al caballo igual de mal 
que a todos sus demás juguetes, 
pronto el caballo empezó a tener un aspecto 
descuidado y enfermizo,
y por primera vez en su vida, el niño se preocupó de verdad,
porque quería mucho a aquel caballo, y no le valía para nada 
que le ofrecieran cambiárselo por otro.
Un día, mientras caminaba por el campo 
vio pasar una niña con un caballo.
La niña tenía un aspecto muy humilde, pero el caballo 
parecía alegre y su imagen era estupenda.
Preguntándose como lo habría conseguido,
 empezó a seguirlos disimuladamente 
fijándose en todo lo que hacían y decían.
Primero les siguió por el bosque, 
donde comprobó que aquella niña nunca usaba la fusta 
ni golpeaba al caballo, 
al contrario de lo que él hizo desde el primer día.
Luego llegaron al establo y nada más llegar,
la niña dio de comer y beber al caballo 
y se puso a cepillarlo con esmero.
Carlos estaba sorprendido 
porque él nunca había hecho nada de aquello con su caballo.
Y así fue viendo que aquella niña 
dedicaba mucho de su tiempo y cariño a cuidar de su caballo, 
y que lo hacía todo ella misma,
algo que nunca se le había ocurrido hacer él mismo,
que sólo se preocupaba de estar con el suyo
cuando salían a jugar.
Carlos quería cambiar y hacer como ella,
pero como nadie le había enseñado a comportarse así, 
decidió acercase a  la niña y pedirle que le enseñara 
a cuidar de su caballo. Tras la primera sorpresa,
ella aceptó encantada, y a su lado aprendió 
que poniendo esmero y cuidado en las cosas,
estas se podían llegar a disfrutar mucho más,
y que se podía ser mucho más feliz con unas pocas cosas 
muy especiales y queridas, que con miles de juguetes
que sólo servían para jugar un rato y abandonarlos.
Pero no todo fue fácil. Carlos también comprobó que todos 
aquellos cuidados eran difíciles y hacía falta dedicar tiempo 
y esforzarse mucho para hacerlos bien. Y alguna vez incluso 
pensó en volver a su antigua forma de tratar al caballo,
pero cuando finalmente recuperó toda su fuerza y esplendor, 
aquel primer paseo a caballo junto a su amiga 
le hizo tan feliz que incluso el doble de esfuerzo
hubiera valido la pena.
Y a raíz de aquello, fue el propio Carlos 
quien dejó de pedir juguetes nuevos un día tras otro. 
Agradecido, regaló muchísimos juguetes a su amiga
y los demás niños del pueblo, y se quedó 
sólo con aquellos que le gustaban de verdad.
Y al igual que había aprendido hacer con su caballo,
se dedicó a repararlos y cuidarlos,
para poder disfrutar de verdad cuando jugara con ellos.


Pedro Pablo Sacristán

3 comentarios:

  1. Que bonito... y ¡cuánto encierra este relato! Gracias, muchas gracias por compartirlo. Me encantó poder leerlo. Me voy pasando que me gusta enormente tu espacio, no sé, me transfiere serenidad y emociones preciosas. Además, doy gracias que te puedo sentir. Cuidate un monton por favor. Te llevo en mis pensamientos y en el corazón. Saludos afectuosos.

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    1. Soy yo, quien te da las Gracias!!
      Gracias por tus palabras...
      y por visitar Mi Pequeño Oasis.
      Este es mi refugio preferido.
      Donde descanso, cada vez que puedo,
      y le doy alas a mi sentir.
      Eres bienvenida
      como tod@s quienes
      honran este humilde espacio
      con su visita.
      En verdad es un cuento infantil muy especial,
      cuando lo leí no pude pasar de largo,
      me sentí enganchada,
      pues en sus letras encontré una clara exhortación
      a reflexionar y revisar
      mis actitudes y comportamientos,
      en mis relaciones afectivas.

      Las imágenes son mi debilidad
      y la de esta actualización,
      va mas allá...
      además de transmitir una inefable ternura.

      Un abrazo fraterno.

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  2. Hermoso dormir, algo que llamo "dormir acompañados", es la imagen, es la palabra.
    Gracias por tu bellísimo comentario en mi casa. Lo que dices hace que mi motivación para continuar, crezca.
    Abrazos

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