lunes, 23 de noviembre de 2015



Mi corazón,  
se sienta sólo con aquellos 
que saben y entienden.
Siéntate sólo bajo un árbol 
que esté lleno de flores.


En el bazar de hierbas y pociones 
no vagues sin rumbo
encuentra una tienda con la poción que sea dulce.


Si no tienes una medida 
la gente te robará en cualquier momento,
tomarás monedas falsas 
pensando que son reales.


No llenes tu plato con comida 
de cada olla hirviendo que ves.
No todas las bromas son graciosas,
así que no busques sentido,
 donde no hay uno.


No todos los ojos pueden ver,
no todos los mares están llenos de perlas.


Mi corazón, 
canta la canción de la añoranza 
como el ruiseñor.
El sonido de su voz lanza un hechizo 
en cada piedra, en cada espina.


Primero recuesta la cabeza 
a continuación una a una 
deja de lado todas las distracciones.
Disfruta de la luz y deja que te guíe 
más allá de los vientos del deseo.
Allí encontrará un manantial,
aliméntate de sus aguas,
como un árbol darás frutos para siempre.


RUMI


jueves, 19 de noviembre de 2015



Estoy encantada con la excelencia, 
en la selección de tus imágenes
y ese aroma exquisito 
que se esparce en tu atrayente mundo:
"Rayén"


Gracias!!
por tu visita 
a mi pequeño oasis.
  

D.L  


martes, 17 de noviembre de 2015


Cuando alguien que llega a tu vida:
te rosa el corazón 
y  te hace vibrar el alma, 
puedes estar segura 
que de allí nunca se va, 
por más que se aleje.


Estaba tan segura de ello!!
 La vida me lo ha confirmado:

 El Verdadero Amor... 
es aquel que te toca el alma
y se anida en tu corazón para siempre!



Amapola 
D.L.B.M


domingo, 15 de noviembre de 2015



En superar día a día cada batalla,  
por difícil que esta sea.

En eso consiste la vida 


D.L

miércoles, 11 de noviembre de 2015


...Tengo plena libertad 
de querer a quien decida 
y gritar si me apetece
que yo siento esa estima.
Por eso soy reacia,
a creer en amistades 
que no se dan de frente,
que se llevan a escondidas
como si fueran delitos.
No es veraz ni es limpio
el afecto que se oculta.
A mí me va lo honrado.
Si te aprecio te lo digo,
y demuestro mi cariño 
en público y en privado.
  
Aris 

domingo, 8 de noviembre de 2015



Carlos era un niño rico 
que tenía todos los juguetes que se puedan imaginar.
Su familia tenía mucho dinero y siempre 
que algo le gustaba se lo compraban, 
así que realmente no tenía ni idea 
de lo que costaba conseguir las cosas,
ni se preocupaba por cuidarlas lo más mínimo, 
y ni siquiera imaginaba lo difícil
que resultaba para otros niños conseguir esos juguetes.
Pero llegó un momento en que estaba tan acostumbrado
a todo tipo de juguetes y cachivaches, 
que quería algo diferente.
Y uno de sus tíos encontró en un precioso caballo, 
ese regalo diferente.
Carlos se ilusionó muchísimo con su caballo.
Aprendió a cabalgar y jugaba 
y lo llevaba de un lado a otro constantemente.  
Pero como trataba al caballo igual de mal 
que a todos sus demás juguetes, 
pronto el caballo empezó a tener un aspecto 
descuidado y enfermizo,
y por primera vez en su vida, el niño se preocupó de verdad,
porque quería mucho a aquel caballo, y no le valía para nada 
que le ofrecieran cambiárselo por otro.
Un día, mientras caminaba por el campo 
vio pasar una niña con un caballo.
La niña tenía un aspecto muy humilde, pero el caballo 
parecía alegre y su imagen era estupenda.
Preguntándose como lo habría conseguido,
 empezó a seguirlos disimuladamente 
fijándose en todo lo que hacían y decían.
Primero les siguió por el bosque, 
donde comprobó que aquella niña nunca usaba la fusta 
ni golpeaba al caballo, 
al contrario de lo que él hizo desde el primer día.
Luego llegaron al establo y nada más llegar,
la niña dio de comer y beber al caballo 
y se puso a cepillarlo con esmero.
Carlos estaba sorprendido 
porque él nunca había hecho nada de aquello con su caballo.
Y así fue viendo que aquella niña 
dedicaba mucho de su tiempo y cariño a cuidar de su caballo, 
y que lo hacía todo ella misma,
algo que nunca se le había ocurrido hacer él mismo,
que sólo se preocupaba de estar con el suyo
cuando salían a jugar.
Carlos quería cambiar y hacer como ella,
pero como nadie le había enseñado a comportarse así, 
decidió acercase a  la niña y pedirle que le enseñara 
a cuidar de su caballo. Tras la primera sorpresa,
ella aceptó encantada, y a su lado aprendió 
que poniendo esmero y cuidado en las cosas,
estas se podían llegar a disfrutar mucho más,
y que se podía ser mucho más feliz con unas pocas cosas 
muy especiales y queridas, que con miles de juguetes
que sólo servían para jugar un rato y abandonarlos.
Pero no todo fue fácil. Carlos también comprobó que todos 
aquellos cuidados eran difíciles y hacía falta dedicar tiempo 
y esforzarse mucho para hacerlos bien. Y alguna vez incluso 
pensó en volver a su antigua forma de tratar al caballo,
pero cuando finalmente recuperó toda su fuerza y esplendor, 
aquel primer paseo a caballo junto a su amiga 
le hizo tan feliz que incluso el doble de esfuerzo
hubiera valido la pena.
Y a raíz de aquello, fue el propio Carlos 
quien dejó de pedir juguetes nuevos un día tras otro. 
Agradecido, regaló muchísimos juguetes a su amiga
y los demás niños del pueblo, y se quedó 
sólo con aquellos que le gustaban de verdad.
Y al igual que había aprendido hacer con su caballo,
se dedicó a repararlos y cuidarlos,
para poder disfrutar de verdad cuando jugara con ellos.


Pedro Pablo Sacristán