martes, 18 de agosto de 2015


Cheché 
                                    (Muchacha que hace flores artificiales)
                                          Dedico estos versos a la señorita 
                                          Mercedes Sardañas, heroína anónima
                                          a ella devotamente.

Cheché es delgada y ágil. Va entrada en el otoño.
Tiene los ojos mansos y la boca sin besos...
Yo la he reconocido en la paz de una tarde
como el Hada - ya mustia- de mi libro de cuentos.

Cheché es maravillosa y cordial;
vuela sin alas por calles y talleres.
En invierno hace brotar claveles y rosas y azucenas
con un poco de goma y unas varas de lienzo...

Esta Cheché hace flores artificiales.
Ella es la abastecedero de escuelas y conventos...
¡La primavera la hace florecer como a tierra virgen!..
Y la deshoja y la sacude en pétalos...

Ella tiene la altura de los lirios pascuales en sus manos;
y tiene que pasar por sus dedos la mística corona
para la niña de Primera Comunión, enviada desde el cielo...

Cheché no llora nunca.
Ni necesita cantos en su trabajo largo, silencioso, ligero...
Es seria sin ser agría;
es útil sin ser tosca;
es tierna sin blanduras
y es buena sin saberlo...

Yo no sé de árbol fuerte más fuerte que su alma...
ni de violeta humilde comparable a su gesto.
Ni sé de ojos de niño más puro que sus ojos,
ni de música más grata aún que su silencio...

Ella es la Primavera Menor,
la Segadora de prados irreales, de jardines inciertos...
¡Ella es como un rosal vivo!...Como un rosal:
¡Cuando ya hasta las flores su aroma van perdiendo,
yo he encontrado en las flores de Cheché
la fragancia de los antiguos mayos,
de los cerrados huertos!...
Más que un clavel me huele a clavel su inocente clavel de trapo...
¡Y más que otras tierras  
yo creo que serviría para sembrar una esperanza 
la poca tierra humilde y noble de su pecho!...


Dulce María Loynaz


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