miércoles, 3 de septiembre de 2014




Nueva Presencia

Venías de tan lejos como de algún recuerdo.
 Nada dijiste. Nada. Me miraste a los ojos.
Y algo en mí sin olvido, te fue reconociendo.


Desde una azul distancia me caminó las venas
una antigua memoria de palabras y besos,


y del fondo de un vago país entre la niebla
retornaron canciones oídas en el sueño.


Mi corazón, temblando, te llamó por tu nombre.
Tú dijiste mi nombre... Y se detuvo el tiempo.


La tarde reclinaba su frente pensativa
en las trémulas manos de los lirios abiertos,


y a través de las nubes los pájaros errantes
abrían sobre el campo la página del vuelo.


Con los hombros cargados de frutas y palomas
interminablemente pasaba el mismo viento,


y en el instante claro de los bronces mi alma,
llena de ángelus, era como un sitio en el cielo.


Una vez, antes, antes, yo te había perdido.
En la noche de estrellas, o en el alba de un verso.


Una vez. No sé donde... Y el amor fue, tan sólo.
Encontrarte de Nuevo.


Meira Delmar 



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